La victoria con la que el San Lorenzo muy alternativo se fue al vestuario finalizado el primer tiempo tuvo dos apellidos: Altamirano y Maroni.
En dicho período, Belgrano tuvo tres situaciones clarísimas de gol a favor en la cabeza de Vegetti. En todas ellas Altamirano respondió de excelente manera. En cambio, la única que tuvo a su favor San Lorenzo, estuvo en los pies de Gonzalo Maroni; quien fue esquivando adversarios desde el campo propio y llegando al área local remató de tres dedos para abrir el marcador.
Belgrano no tenía ideas. Su lema fue el centro a Vegetti. San Lorenzo controló el encuentro a través de un sólido trabajo defensivo como nos tiene acostumbrados. La prueba fehaciente son los 9 goles en contra en 25 partidos. San Lorenzo cambió apellidos en defensa pero el sistema siguió funcionando.
Llegado los 5 minutos de la segunda parte Siro Rosane levantó su pierna, que dió en el pectoral de Moreno. El volante azulgrana fue amonestado por Darío Herrera, quien tuvo que acudir a un llamado del VAR para reveer la jugada. El árbitro cambió su opinión, expulsando al jugador del Ciclón. Nada ha cambiado. El árbitro sigue siendo una figura decorativa ya que, quién decide está detrás de una computadora.
De ahí en más, Altamirano y el travesaño le imposibilitaron a Belgrano empatar un encuentro que ganó San Lorenzo por ser más práctico. Y además, por contar con un plantel totalmente comprometido juegue quien juegue.















