

Tal vez mi pecado fue ser muy optimista al pensar, antes de cada partido de la era Almirón, "hoy arrancamos, vamos a jugar como lo hacía en Lanús". De más está decir que mi idea en estos 4 meses estuvo lejos de concretarse. Lamentablemente el partido de ayer ante Boca terminó con cualquier idea positiva hacia el futuro. Perder estaba en los planes, no fue nada ilógica la derrota, viendo cómo llegaba uno y otro equipo. Pero hay cuestiones que van más allá de un resultado. Se vio un equipo entregado desde el principio. Sin ideas y sin actitud. A los 5 minutos uno ya podía prever cómo iba a finalizar la jornada. Fue un encuentro con olor a ciclo cumplido, tanto del DT como también de algunos jugadores que solo mostraron algo de rebeldía cuando un desagradecido cordobés tiró una rabona a la nada. San Lorenzo, frase hecha, es un barco a la deriva. Y nadie sabe qué rumbo tomar. Las 3 patas fundamentales (dirigentes, jugadores, cuerpo técnico) no demuestran estar a la altura de la situación. Se ven desbordados, todos. No incluyo al mánager, porque directamente aún no se vio su trabajo, ni se lo ve a él. ¿Quién se hace cargo de la formación del plantel? Se pidió a Lucumi y trajeron a Torres, Rentería y Salazar. Fueron a buscar a Trauco y terminaron viniendo Pérez y Peruzzi. Se pidió a Mancuello y trajeron a Castellani y Román Martínez. ¿Era necesaria tanta cantidad de refuerzos, o era mejor traer uno de calidad por línea? Estaría bueno que alguno de los responsables salga a dar la cara, a explicarnos por qué se llegó a esta realidad, tan parecida al 2012 que empieza a asustar.
Pablo Ezequiel López
