En el fútbol, como en la vida, hay cosas inexplicables. Cuestiones que van más allá de cualquier razón.
¿Cómo se entiende que San Lorenzo pase de ronda sin generar chances en 180 minutos? Fácil y sencillo: enfrente estaba Huracán.
Coincidimos si pensamos que, jugando así, esta serie era totalmente perdible ante cualquier otro rival. Pero la historia juega. Aparece en las manos de Monetti, que ataja un penal a 2 minutos del final y otro en la tanda definitoria. La historia resurge en Rentería, refuerzo que hasta ahora aportó más nada que poco y de repente lo vemos pateando el penal decisivo. No busquen explicación. San Lorenzo juega mal, o muy mal, y sin embargo elimina a su clásico rival en su propia cancha. No pensemos en el por qué. Se pasó y punto. ¿Hay cosas que mejorar?
Muchísimas. Pasan los partidos y no se ven avances. El equipo demuestra una incapacidad ofensiva alarmante. Sin sorpresa, sin cambio de ritmo y sin jugadores que marquen diferencias. Pero, al menos hoy, me veo en la obligación de disfrutar.
Se eliminó a los primos de enfrente. Había que pasar. La historia así lo reclamaba.
No pudieron con la azulgrana, una vez más...
Pablo Ezequiel López


















